martes, 23 de septiembre de 2008

Micorrelevo 9

Una caricia en el momento justo.

Y no me grabes más, coño si no es para darte cuenta de que existo. Que estoy al borde de perder la sensualidad y volverme una barriobajera.
Vuelve a tu centro. Sal del letargo. Deja de mirar por esa lente distorsionada que te impide ver lo puro de mi esencia.
Olvida el prejuicio ¿no te das cuenta que el animal salvaje que ves no es más que un gato arrinconado que no tiene quien le lama las heridas?
Si consigues hacerme ronrronear yo te prometo que dejaré de enseñarte los dientes.

8 comentarios:

Isa dijo...

¡Anda! ¡A ver quién se atreve con esa fierecilla!
Pobre criatura, con lo fácil que sería darle una caricia suave y todo solucionado.
Muy bueno, Irene.

lorenzo dijo...

Lo mismo al de tu cámara, le gusta que le enseñes los dientes, jaja. Mu bonito, Irene. Y muy directo. Si no eres capaz de verme con tus pupilas, para qué (coño) quieres una lente.

Gabriel dijo...

De los impactos que se atrevían a producir Bukowski y tres más. Un relato magnífico, fresco y directo al cerebro, a esa zona conectada con la verdad de la mirada.
Acojonatriz.
Besos varios.

Félix dijo...

Te leo últimamente muy reivindicativo contra el papel de la mujer sumisa, excesivamente generosa, oprimida... Me gusta.

LaRubia dijo...

Estoy desconcertada ¿quién es este nuevo amigo llamado Félix?

Gabriel dijo...

Félix Amador Gálvez es un lujo. Un buen amigo y un escritor magnífico. Se dio a conocer con generosidad cuando coincidimos en un concurso que ganó con un relato bueno de verdad, "Piolines".
Disculpas a todos por no haberlo presentado antes como es debido.
Os propongo leer el "diario de un feo recién divorciado", donde reparte sabiduría y gracia. Y donde he visto y he creído que se puede hablar de amor sin engañar a nadie, además de abrir mil y un caminos para un personaje.
Y gracias por venir por aquí de vez en cuando don Félix.

LaRubia dijo...

"Acojonatriz"
Estoy emocionada, creo que es la primera vez que me dicen algo tan bonito...

Loli dijo...

Me ha gustado mucho Irene. ¡Cuántas veces hemos pedido una caricia mirando a los ojos del otro y lo único que hemos conseguido es ver nuestro reflejo en ellos!