lunes, 1 de agosto de 2016

Todo había terminado ya. Y entonces empezó el nuevo sueño.

viernes, 29 de julio de 2016

A DOMICILIO


 

Muy buenas:

                  Antes de que usted, lector, deje de serlo, le endoso un cuentecillo pleno de vigencia: el del duende Alvar Páez Mendizorroza, natural del bosque Medejes, sito tras la segunda señal de prohibido adelantar a los que van tras usted, lector, a la salida de Cangas de Onís. Una  historia cierta hasta cierto punto, el primero y seguido. Después, trola mezclada, para acabar en posibles chorraterías: justo lo que le pasó a don duende Alvar Páez.
                  Resulta que se le acabó la magia un sábado por la noche, con todos los hongos cerrados. Sus amigos, duendes también, invitados a una reunión/fiestecita, vieron la Realidad de pronto por culpa de Alvar Páez, éste se autoinculpó, y su mujer se puso a flirtear con dos duendes casi cien años más jóvenes: su vida se volvió un caos. Llamó a Juan Tamarit, pero éste no pudo ponerse porque no le daba la gana (estaba en un escenario, triunfando) y del caos pasa a las ganas de votar conservador. Desesperados, sus amigos trataron de hartarlo de cachetadas. No lograron sino ponerlo colorado y aumentarle la tensión hasta 14/9, algo alta para alguien tan bajo.
                  Y, en medio de la Paralaflaxis Total, apareció Elvis Ramírez Andobajodelbadajo, para ofrecerle una sonrisa y un depósito de magia talmente como lo haría nuestro proveedor de cerveza (algunos dicen que hasta de agua, jia, jia) con un barril lleno de prodigios para al menos diez personas. Justo el número de invitados. Justo hasta que amaneció.
                  Alvar se salvó. Pero por un pelo.
                  Si usted que me lee es duende, no lo dude nunca más: tenga en casa siempre, pero no una vez, sino siempre, un depósito lleno de los trucos más actualizados (incluye hasta políticas sociales). Sus amigos le renovarán la confianza y dejarán de pisotearle. Su mujer olvidará a los duendecillos y su vida mejorará, lejos de la ansiedad de no ser capaz ni de sacar una paloma de entre los huevos. Más o menos.
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                  Nos vemos, digo yo.

jueves, 28 de julio de 2016

ASCENSO Y OSTIÓN


                  Doña Avutarda Westfalia y Poncepavo dejó de cuidar a los marqueses de Irún y Portafolio justo el día en que Sanidad le juró por sus muertos que dichos marqueses olían como huelen los cadáveres a los seis meses.
                  Ella abandonó la mansión marquesa con sus apenas cien maletas en busca de, por fin, abrazar sus sueños: ser espía o trabajar en el cine. O ambas cosas, mira tú qué coño, se dijo sonriendo.
                  Entró por la puerta abierta de los estudios Barbeloa, dejó las maletas en consigna y se fue directa al despacho de Joanes Jan Jacques Barbeloa, nieto del fundador y jefe total.
                  -Yo le valgo tanto de actrizo como de actora, oigausté, soy actuaria indiferible, o sea actualizo de todo.
                  -Ya, ya, muy bien –respondió el magnate sin dejar de mojar una galleta en su vasito de vodka-. ¿Ha visto usted la del silencio de los corderos?
                  -Sólo la he oído –reconoció doña Avutarda-, y destaco sobre todo la famosa escena donde un vendedor de periódico se rasca el culo, pasa un semáforo, y huye con el cambio de un billete de a diez. Pura antología, rodada, seguro, con un mínimo de doce cámaras rotativas, cenitales y encendidas. La escena de Pomas Avenue con la cuarenta y siete, ¿a como que sí?, ¿ein?
                  -Pues empieza usted mañana, así que, al menos, déjeme en paz hoy –dijo Barbeloa.
                  Debutó con papeles básicos, en realidad impresos sin rellenar o envoltorios de chicle, que la gente le lanzaba en sus interpretaciones cada vez más logradas. Y sin bolsa de plástico: a pelo. Hizo de papelera vintage en «La muerte, este mes, va en cadillac», pero siempre se recordará su trabajo como trituradora de documentos comprometidos en «Bochornos Varios» y su secuela «Bochornos Varios 2», donde se traga, en tiempo real, cuatro currículums vitae de aspirantes a chivato protegido. No tuvo que hacer más que una toma.
                  Harta de ambientes de interior y temiendo ser encasillada en papeles blancos, satinados y previsibles, decidió aceptar trabajos más resbaladizos y ricos en matices. Se puso borde y su carrera dio un giro de 180º. Fue nominada al ROSCA por su trabajo en tres ocasiones. Su caracterización en «Al borde del abismo mismo», o el musical «Todos a bordar» fueron los que la encumbraron, hasta que llegó «Méjico a bordo, sin transbordo»; fue catapultada a la fama pero, destino cruel, al día siguiente, tras una vida sin rumbo, ya era posible verla por las calles vendiendo enciclopedias de taxidermia para pollos de granja, un asunto delicado que la llevó al olvido. Hasta Barbeloa, antes de divorciarse de ella por tercera vez, la recordaba con dificultad. Hoy, sus interpretaciones se ven como películas de culto, aunque en garitos ocultos, como la Universidad de Pongolo o el Parlamento español tras su decimoquinta votación.
                  Muchos estudiosos carajotes me han preguntado sobre si doña Avutarda no debió dedicarse a ser espía. No se me ha olvidado… bueno sí, lo que pasa es que me he levantado tarde. Mañana mismo, u otro día sin falta, me pongo e imagino qué habría sido de nuestra leyenda si se hubiera dedicado a llevar secretitos de un lado a otro.
                  O sea, continuará…

miércoles, 6 de julio de 2016

VOLVIENDO A LAS ANDADAS

Este blog ronda la década. Una década en la que os he llevado siempre conmigo; en mi corazón. Por diversas circunstancias los últimos años he estado ausente. Pero esta vez llegué para quedarme. Y la idea me hace feliz.

UN DULCE ENCUENTRO


Te vi por primera vez una mañana radiante de abril. Yo paseaba por la aldea. Tú vendías a plena luz, una fruta que se adivinaba deliciosa. Me miraste y sonreíste, y sentí que algo se aceleraba en mi pecho.

Saliste del puestecillo y llenaste de cerezas el cesto de mi bicicleta. Me llegó el dulce y rojo aroma, que se entremezclaba con el tuyo.
Estuve comiendo cerezas toda la tarde. Cada una que me llevé a la boca, guardaba dentro tu sonrisa; y mi latido.
Desde aquel día, las cerezas son cada latido de mi corazón cuando te veo.

martes, 28 de junio de 2016

NOSTALGIA


                  Arturo  ∫∫ era un pobre robot bisexual del montón. Como todos los de su generación. No tenía la prestancia de un Leopoldo Serie πYIN ni la fuerza de un Atlas 1002(‰), pero no era, ni se sentía, un trozo de lata. Cuando constató en el catálogo mensual que su pelvis modelo no universal PMNU no sería renovada, sintió un golpe agudo de oxidación justo a un palmo de donde los humanos, esa especie blanda y viscosa que se convirtió al titanio plástico, tenían el ombligo.
                  Pasó por delante de la discoteca THOR NIK ET, abierta a todas horas. Por la puerta se escapaba un ruido metálico que callaba la percusión de la música cataclónica: roces y saltos de innumerables y felices androides de limpieza y desescombro; los conocidos como retales, con goznes chirriantes, danzaban en aparente falta de conciencia ante su inminente desguace. De hecho, esas sesiones de bailes frenéticos ayudaba a la tarea final: el suelo de la pista, visible desde la acera, dejaba ver innumerables remaches y tuercas que escapaban de articulaciones y engranajes. Arturo abombó su tórax para representar un antiquísimo ritual humanoide: el suspiro.
                  Él no sería un trozo  cualquiera de politeretanio dentro de un camión de chatarra. Se dio la vuelta despacio (tenía chips para mareo y vértigo, no sabía en qué proceso se lo habían implantado) y se dirigió al puente suicida número K y Goya, de altura suficiente como para esparcir sus pequeños chips (y algunos transistores, se dijo con humildad) por media ciudad.
                  Arturo ∫∫ no era previsor. Al lanzarse al vacío (concepto superado por toda la filosofía robótica), una suave red de seguridad lo acogió entre sucesivos colchones de aire; fue antes de experimentar la menor aceleración.
                  Los sensores dispararon sus agudas voces de alarma histérica en forma de chirriantes tonos de mezzosoprano y Arturo sufrió un enorme desgaste acústico al tratar de mitigarlas. Sin capacidad para incorporarse (ningún cacharro se programaba para escapar de redes de seguridad sin rellenar un informe antes), se relajó y esperó la llegada del equipo PY+P (preguntas y más preguntas).
                  Dos días después, se había tragado el orgullo junto con los líquidos espesantes de movimiento y el chip de sonrisa idiota, todo introducido en sitios inaccesibles para su sistema operativo. Arturo ∫∫ se dirigía a la discoteca cogido del brazo de un androide tipo Nadadoris∂∂, llamado Panfritito, brillante gracias al paladio hiperfrotado. Fueron la envidia de la fiesta. Arturo tenía su momento de gloria. No pedía mucho más. Le habían jurado que el chip de nostalgia humana era imposible de despegar de su Unidad Central de Control y él se hizo a la idea.
                  Menos da una tuerca, se dijo.

lunes, 6 de junio de 2016

SAN JORGE


                  -Que sí, san Jorge, que sí. Que síiiii. Escucha, escucha… Si yo sé que tú le pones toda la voluntad del mundo. Pero ahora, con tu lanza en el corazón –sin pincharte, ojo-, dime a mí quién me draga el lago, estando como estoy a puntito de abrir el parador, con el cien por cien de ocupación. Ese dragón era mis pies y mis manos. ¡Si hasta era mi mensajería aérea, hombre de Dios! En fin, nada, nada, hombre, déjalo, si más noble que tú… anda, vete al carajo y no vuelvas. Menos mal que tengo un par de huevos a punto de eclosionar. Veré cómo me las arreglo mientras. Hala, un abrazo, y no seas tan lanzado.

miércoles, 1 de junio de 2016

DEFINITIVO



                  La Comunidad Científica Internacional, hoy, a eso de las nueve (nueve y cuarto todo lo más) ha desentrañado, por fin, el enigma de qué fue antes, si el huevo o la gallina.
                  -¡LA GALLINA! –han coreado varios biólogos, otros varios arqueólogos y dos de mantenimiento.
                  Pedido que le hubimos una explicación, aquí la tiene el Mundo:
                  Analizados los restos de Emeuteria Conache, gallina calmada y erudita, en sus escritos se deja ver una infinita capacidad para el diálogo y la discusión civilizada. Por tanto, como ineludible conclusión, todos –sin excepción- sus pollos nacieron … ¡POR LAS BUENAS!, y no por huevos, como hasta ahora se ha dejado ver en valoración del 50% mientras se esgrimían sonrisas bobaliconas. Además, doña Emeuteria presumía del carácter apacible y dulce de su abuela, con quien compartió tardes y más tardes rellenando almohadones con las plumas de Arcadio Sabagnón, su marido, un pedazo de cabrón, borracho y putero que la tenía hasta los huevos. Pero esa es otra historia, lo primero es el logro.

lunes, 30 de mayo de 2016

NORMAS

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                   -La tradición es sagrada, Telmo –dijo Senén III, arrojó los auriculares sobre la mesa y se volvió. Serían las veintiuna de la noche.

                  Antes, a las siete, doña Asunta Nervión contemplaba su señal, «paso de peatones», en plena curva a Estafeta. Una serie de litigios con el Ayuntamiento de Pamplona culminada  a su favor el siete de julio.
                  Con música en su radio cruzó hacia su casa.
                  Tronó el suelo.
                  Los cabestros eran profesionales con experiencia para conducir miles de kilos de trapío hasta la plaza. Pero siempre hay un buscador de gloria. Armadillo, astifino de remos de hierro, se adelantó y no supo frenar en la curva. Le sorprendió ver volar unas sayas blancas.
                  El morlaco derrapó y la levantó un par de metros y ella, valiente y ágil, cayó sobre él a horcajadas y cogió al toro por los cuernos. Algunos vaivenes después, Senén retomaba la dirección de la carrera y doña Asunta, ahora con los auriculares como riendas improvisadas, entraba al túnel.
                  El público, muy purista, desaprobó los cables. Un periódico atrasado habría supuesto la gloria. Doña Asunta fue conducida a Presidencia.
                  Por la tarde, sin el tumulto, un operario pintaba el paso de cebra desde la señal hasta el portal de doña Asunta.

                  Senén, cabestro jefe de San Fermín, fue el encargado de comunicar la sanción a don Telmo, hijo de la señora.
                  -No he podido hacer más –dijo Senén III. Al alejarse por el pasillo, su cencerro sonaba lastimero, frío. Profesional. Sujeto a las normas.

viernes, 27 de mayo de 2016

CÍCLICO

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Dios andaba aburrido más que enfadado. No sabía a qué dedicarse con tanto equilibrio universal. Como un entretenimiento creó la Tierra, una pelotilla redondita y azul donde empezó a dejar caer lo que no le había servido en otros mundos. Con fórmulas sencillas, el pequeño sistema funcionaba bastante bien.
                  Sin que se diera cuenta, el diablo sembró semillas de ser humano, ese bicho que Dios había ordenado hacer desaparecer.
                  Mucho después…
                  -No acabo de entenderlo, muchacho –le dijo al diablo, poniéndole una mano en el hombro-. En fin, me voy que tengo un Juicio; ya repasaré mis ecuaciones y veré qué ha podido pasar. De momento, fulmínalos y llévalos contigo.
                  -Y vuelta a empezar –soltó el diablo, aguantando la risa en medio de una miríada de ángeles-. Una y otra vez. Es pasar una eternidad y se olvida de todo.