domingo, 19 de febrero de 2017

Homenaje a Machado 18/2/2017


[Recitado en el V Encuentro de poetas andaluces de ahora:
"Haciendo caminos"]

Sigue la sombra de Caín errante
cruzando los caminos sin fronteras verdaderas
por campos y ciudades prometedoras
promesas que el viento arrasa tras de sí.
Sigue el sol dorando los senderos
antiguos, polvorientos, y las veredas nuevas
haciendo retoñar los olmos viejos
abrasando despiadado 
a la mujer y al hombre  que cosechan.
Los nietos de los hijos de la guerra
sueñan caminos en los mares
huyendo de un país empobrecido
pasto de aromas putrefactos
que cercena raíces e ilusiones 
apartándolos de un  próspero destino.
Lloran muchas madres su tristeza
aquella tierra fértil que despertaba 
quedó dormida, hibernando,
y espera quizás, desde el letargo,
otro milagro de la primavera.

martes, 14 de febrero de 2017

Poema

Hasta la lluvia
me habla de ti
y canto junto al viento
dejándome empapar el rostro.
Salto en los charcos
gritando tu nombre
y me catapulto sobre las nubes
pintando un arco iris
con todos los colores de mi paleta,
invitando al sol.
Los pájaros,  divertidos, pian
revoloteando a mi alreddor
y tú, desde abajo
me lanzas un beso.

¡Feliz San Valentín!



viernes, 23 de diciembre de 2016

FELIZ AÑO


Queridos niños:

            Otro año que se aburre y se hace el muerto, el deshojado. Está harto y deja paso a otro, como siempre, sin la menor experiencia. Ahora que nos habíamos acostumbrado a unos numeritos redondos, múltiplos de todo, con un día de más para aprovechar bien el tiempo, ahora digo, nos entra un primo, un pringado con tristezas más allá de los boleros.
            No es que piense zancadillearle el día de su toma de posesión. Pero de ahí a sonreírle, darle la bienvenida, animarle… no sé yo qué te diga.
            Nos gusta estratificar el tiempo para medir bien cómo lo perdemos. Declaramos mucho más amor del que hemos aprendido a dar. Al revés de cómo hacemos con los impuestos y las preguntas en aduanas, donde nunca nos consta que haya habido algo a declarar. No nos aclaramos después de tanto enjabonado.
            Sin embargo, no obstante, aunque y pero, la vida está aquí. Y está para dignificarla. Y el camino para ello es cierta verdad y cierto respeto. Más allá de cumplir con estos mínimos, se encarga de pasar sin mucha necesidad de ser medida en nanosegundos gracias a los precisos relojes para fijar fechas de atrocidades.
            Propongo el perdón y la comprensión que pediremos cuando delincamos nosotros y al mismo tiempo la sensatez de evitar los conflictos, la única forma de amor verdadero, porque parte de aceptar de veras a los demás. Pero propongo ser mejores ciudadanos, sin más. A base de detallitos, como diría mi madre. A poquita poco, como corroboraban mis abuelas.
            Esa medida de soltarle la verdad a tus compadres antes de una fechoría pequeña acaba siendo la única, si no al menos la mejor, de las formas de vivir juntos sin esperar a metértela doblada y con arena en otra ocasión, rellenitos de rencor por no habernos zampado en el momento.
            Jode como un pellizco en el cefalotórax, pero no hay más verdad que enfrentarse a la mentira y a la injusticia. A poquita poco, acojonadillos, pero sin pausa.
            Por lo demás, qué demonios, démosle al que viene un par de abrazos para que no tropiece al entrar.
            Y a todos vosotros, unos siete mil millones escasos, lo mejor para el corazón: que lata a ritmo de esperanza, lo último que se pierde, después del móvil y el jabón dentro del baño, claro está.

            Abrazos.

martes, 25 de octubre de 2016

AL ADÁN: QUE LE DEN DEL EDÉN




                  -Estoy a dieta desde ayer mismito –dijo la ninfa, la nueva, el centro geométrico de la reunión para comer. Inaccesible para los oscuros y los que somos más de nieblas que de tinieblas-. La ninfa, segunda secretaria de la Secretaria Segunda, apartó la copa de cristal y se acercó el vasito de plástico para el agua. Sonó bien a coro el oooooh.
                  -Aquí ya no pagan las dietas –dije desde el Hades, a sabiendas de lo poco que  tardaría Gómez Pérez de Pons en fulminar mi intento de broma polisémica.
                  -Aquí pagan mejor los silencios –me disparó GPP sin mirarme. Pensó con razón que la comida de Ideas, con esa frase suya, se encarrilaba bien. De hecho, Contabilidad al completo y más de la mitad de Diseño coreó la carcajada. No desentonó ni un solo solista.
                  Entró Dios acompañado del segundo Dios y se hizo la luz con un alud de móviles en modo linterna iluminando su camino al verdadero centro de la mesa. Dios se plugo y bendijo la sinfonía de verduras con que la ninfa presentaba credenciales.
                  -Parece estar en su punto justo de cocción, no como otros –dijo Dios sin especificar a qué se refería. Los arcángeles sí miraron hacia mí.
                  Marketing, por proximidad, sonrió por acompañar. El resto, ante la duda de la dirección de la Sentencia, guardó prudente silencio. Bien analizada, la frase tenía provecho. Nunca sabes cuándo se te cuela por la puerta un fabricante de sopas listas para calentar y tomar, y vas y le zampas el lema como recién salido del horno.
                  Mi trozo de rincón en la mesa menguaba a base de la expansión de los codos limítrofes. Tomé la decisión de pedir otra de verduras. Lo hice por escrito, terminado el pedido en un poema para la camarera, que me preguntó en voz alta el significado de turgente.
                  -Es urgente –le dije-, urgente por la hora.
                  -Pues voy –dijo.
                  El Olimpo se dedicaba a su plato. Planificación distribuía la carne fresca entre las patatas, intercambiando alioli con Dirección Financiera. No era la primera vez que esos feudos compartían planes que «se complementaban».
                  Dios amenizaba con algún chascarrillo.
                  -Siendo martes, no quiero bodas ni cruceros en casa. Es esta piña natural lo que quiero: el día en que comemos juntos –dedicó media sonrisa a la ninfa entre lechugas-. Salvo que haya separar el trigo de la paja, claro está.
                  Mi rincón recibió demasiadas miradas que se suavizaron gracias a la camarera. Me sirvió la sinfonía y me agradeció el poema.
                  -Ahora sí lo he entendido, es que hay que cogerle el sentido –explicó.
                  Pedí útiles de aliñar e intervino Intervención, su portavoz a la cabeza.
                  -No apaguemos el sabor natural de las cosas –sentenció y hubo petición de bis por Marketing. A saber si este slogan no justificaba por sí mismo la reunión.
                  Nadie podría soportar un fracaso más. Tiré un trozo de lechuga al suelo para justificarme, estornudé y me levanté de la mesa. Dios no quiso saber nada. Él bastante tenía con regir este Universo, y una sola mirada suya bastó para sonarme: sus pupilas me dirigieron a la mesa del chófer, también nuevo, sobrino suyo, que comía sólo.
                  Si había mediado Dios, o sea, dios mediante, me senté con él. Sin protocolo alguno, el chaval –no tendría ni cincuenta-, cortó por la mitad su hamburguesa y me la puso en el plato, aplastando mi sinfonía.
                  Pinché y corté, engullí y la miré. Tenía mucho mejor ángulo que cuando estaba en la Mesa. Volví a trinchar un buen trozo, lo unté en mostaza y se lo mostré con una sonrisa que ella correspondió como pudo desde su pedestal. Alguien se fijó, le preguntó algo y ella desvió la mirada y le prestó atención. Era la hora de volver al trabajo.

miércoles, 5 de octubre de 2016

CORBÁTICOS ANÓNIMOS


                  -Hola, soy Julio Tronío Bebetsander, y soy corbático por imposición social.
                  -Hola, Santander de rostro abstracto. ¿Cómo das las volteretas? ¿Las encadenas?
                  -Corbático, querido tarugo, no acrobático. Como tengo yo los riñones…
                  -Pues nada, hijo, perdona la tragoverbosis provocada por tu asquerosa dicción. Sigue.
                  -Hoy en día me alegra comunicaros que llevo tres meses sin corbata, justo desde el día en que entraron a robar en mi casa y, quizá por los nervios, se fueron a por las bragas beige de mi suegra; ella las guardaba junto a mis apéndices picudas, de múltiples y distintas texturas, decoradas con motivos variadas. Las bragas fueron dejadas en un contenedor para carpas de circo de grandes extensiones. Y en Navidades, media comunidad me regaló una corbata.
                  -La cuestión es que ahora vas sin ese colgante, enhorabuena –dijeron dos ex usuarios de pajarita a lunares apretadas con fuerza en los bolsillos.
                  -Mi historia tiene que ver con la elegancia que supone llevar, moderadamente, ese trapajo pendiente y pendulante, en lugar de ir hecho una birria andante, como vosotros, queridos amigos, que da grima imaginar cómo iréis a las Juntas de Accionistas.
                  -Te seguimos, cenutrio. ¿Cuándo te diste cuenta de que no eras libre?
                  -La primera vez fue en la boda de mi vecina Nati. Acudí a cuello limpio más allá de lo higiénico, con tres botones desabrochados en mi inmaculadamente arrugada camisa, dejando ver el vello rizado de mi pecho.
                  -¡Ainch, por dio, por dio, que alguien pare a ese mushasho y no siga diciendo cosas tan sésiles! –suelta una joven septuagenaria con coletas.
                  -Y ahí mismo, en pleno altar, un antiguo novio de mi Santiaga me tiró en la cara la pieza telar con el nudo hecho y mi novia me echó el lazo. Como si, literalmente, estuvieran linchando a un malhechor. Con la cogorza tan grande que cogimos, no pude desprenderme del colgajo hasta tres días después. Yo soñaba con que la hubieran cortado y subastado, pero, por lo visto, eso es privilegio exclusivo del novio; mi suegro estuvo atento y apretó el nudo. Ante tanto tonto intento, me hice adicto. Al principio, para desayunar, comer y cenar. Poco a poco, hasta en la piscina, haciendo juego con el bañador de turno.
                  -Resiste, hijopordió –alenta la septuagenaria entre crujidos de mandíbula.
                  -Ya no sé qué hacer ni donde ir. Hasta el espectador medio de los estadios me recrimina no llevar el péndulo telar. Muchos van sin camiseta, algunos incluso dan forma de corbata a la bufanda con los colores de su equipo de toda la vida. No sé qué hacer, me siento como muy perseguidísimo.
                  -Una cosa es irte pal guano, digo yo –suelta un ex usuario de lacitos moña, como en Nevada o Texas-. Otra es llevar tijeras o bolsillo y, en cuanto salgas a la calle, cortar o guardar la prenda y sentirte libre entre claxons de colores y semáforos ruidosos. Vive al menos la mitad de una doble vida, aunque te obliguen a ducharte imitando a un cuatrero ahorcado.
                  -No está mal la estupidez que me propones, cocohueco. Lo pensaré.
                  -Pues piénsalo pronto, tontoporra, porque tenemos aquí en el local, en la sala de espejos, la reunión mensual de Nadar sin Nada, y, para que se vayan acostumbrando, han aceptado acudir hoy, al menos, con corbata. A ver si puedes darle tú la charla y nosotros descansamos.
                  -Pos bueno, pos vale, pos me alegro.

a poco, hasta en la piscina, haciendo juego con el bañador de turno.
i suegro estuvo atento y apret el vello rizado de mi pecho.dio que alguien pare a ese muchacho.





a poco, hasta en la piscina, haciendo juego con el bañador de turno.
i suegro estuvo atento y apret el vello rizado de mi pecho.dio que alguien pare a ese muchacho.





lunes, 1 de agosto de 2016

Todo había terminado ya. Y entonces empezó el nuevo sueño.

viernes, 29 de julio de 2016

A DOMICILIO


 

Muy buenas:

                  Antes de que usted, lector, deje de serlo, le endoso un cuentecillo pleno de vigencia: el del duende Alvar Páez Mendizorroza, natural del bosque Medejes, sito tras la segunda señal de prohibido adelantar a los que van tras usted, lector, a la salida de Cangas de Onís. Una  historia cierta hasta cierto punto, el primero y seguido. Después, trola mezclada, para acabar en posibles chorraterías: justo lo que le pasó a don duende Alvar Páez.
                  Resulta que se le acabó la magia un sábado por la noche, con todos los hongos cerrados. Sus amigos, duendes también, invitados a una reunión/fiestecita, vieron la Realidad de pronto por culpa de Alvar Páez, éste se autoinculpó, y su mujer se puso a flirtear con dos duendes casi cien años más jóvenes: su vida se volvió un caos. Llamó a Juan Tamarit, pero éste no pudo ponerse porque no le daba la gana (estaba en un escenario, triunfando) y del caos pasa a las ganas de votar conservador. Desesperados, sus amigos trataron de hartarlo de cachetadas. No lograron sino ponerlo colorado y aumentarle la tensión hasta 14/9, algo alta para alguien tan bajo.
                  Y, en medio de la Paralaflaxis Total, apareció Elvis Ramírez Andobajodelbadajo, para ofrecerle una sonrisa y un depósito de magia talmente como lo haría nuestro proveedor de cerveza (algunos dicen que hasta de agua, jia, jia) con un barril lleno de prodigios para al menos diez personas. Justo el número de invitados. Justo hasta que amaneció.
                  Alvar se salvó. Pero por un pelo.
                  Si usted que me lee es duende, no lo dude nunca más: tenga en casa siempre, pero no una vez, sino siempre, un depósito lleno de los trucos más actualizados (incluye hasta políticas sociales). Sus amigos le renovarán la confianza y dejarán de pisotearle. Su mujer olvidará a los duendecillos y su vida mejorará, lejos de la ansiedad de no ser capaz ni de sacar una paloma de entre los huevos. Más o menos.
                  Depósitos Magitruc. Posibilidad de descuentos en suscripciones. Visite nuestra página varimax.com. Hágase socio, no lo dude. Repartimos, como ha podido comprobar, 24 horas. Adiós, chaval.

                  Nos vemos, digo yo.

jueves, 28 de julio de 2016

ASCENSO Y OSTIÓN


                  Doña Avutarda Westfalia y Poncepavo dejó de cuidar a los marqueses de Irún y Portafolio justo el día en que Sanidad le juró por sus muertos que dichos marqueses olían como huelen los cadáveres a los seis meses.
                  Ella abandonó la mansión marquesa con sus apenas cien maletas en busca de, por fin, abrazar sus sueños: ser espía o trabajar en el cine. O ambas cosas, mira tú qué coño, se dijo sonriendo.
                  Entró por la puerta abierta de los estudios Barbeloa, dejó las maletas en consigna y se fue directa al despacho de Joanes Jan Jacques Barbeloa, nieto del fundador y jefe total.
                  -Yo le valgo tanto de actrizo como de actora, oigausté, soy actuaria indiferible, o sea actualizo de todo.
                  -Ya, ya, muy bien –respondió el magnate sin dejar de mojar una galleta en su vasito de vodka-. ¿Ha visto usted la del silencio de los corderos?
                  -Sólo la he oído –reconoció doña Avutarda-, y destaco sobre todo la famosa escena donde un vendedor de periódico se rasca el culo, pasa un semáforo, y huye con el cambio de un billete de a diez. Pura antología, rodada, seguro, con un mínimo de doce cámaras rotativas, cenitales y encendidas. La escena de Pomas Avenue con la cuarenta y siete, ¿a como que sí?, ¿ein?
                  -Pues empieza usted mañana, así que, al menos, déjeme en paz hoy –dijo Barbeloa.
                  Debutó con papeles básicos, en realidad impresos sin rellenar o envoltorios de chicle, que la gente le lanzaba en sus interpretaciones cada vez más logradas. Y sin bolsa de plástico: a pelo. Hizo de papelera vintage en «La muerte, este mes, va en cadillac», pero siempre se recordará su trabajo como trituradora de documentos comprometidos en «Bochornos Varios» y su secuela «Bochornos Varios 2», donde se traga, en tiempo real, cuatro currículums vitae de aspirantes a chivato protegido. No tuvo que hacer más que una toma.
                  Harta de ambientes de interior y temiendo ser encasillada en papeles blancos, satinados y previsibles, decidió aceptar trabajos más resbaladizos y ricos en matices. Se puso borde y su carrera dio un giro de 180º. Fue nominada al ROSCA por su trabajo en tres ocasiones. Su caracterización en «Al borde del abismo mismo», o el musical «Todos a bordar» fueron los que la encumbraron, hasta que llegó «Méjico a bordo, sin transbordo»; fue catapultada a la fama pero, destino cruel, al día siguiente, tras una vida sin rumbo, ya era posible verla por las calles vendiendo enciclopedias de taxidermia para pollos de granja, un asunto delicado que la llevó al olvido. Hasta Barbeloa, antes de divorciarse de ella por tercera vez, la recordaba con dificultad. Hoy, sus interpretaciones se ven como películas de culto, aunque en garitos ocultos, como la Universidad de Pongolo o el Parlamento español tras su decimoquinta votación.
                  Muchos estudiosos carajotes me han preguntado sobre si doña Avutarda no debió dedicarse a ser espía. No se me ha olvidado… bueno sí, lo que pasa es que me he levantado tarde. Mañana mismo, u otro día sin falta, me pongo e imagino qué habría sido de nuestra leyenda si se hubiera dedicado a llevar secretitos de un lado a otro.
                  O sea, continuará…

miércoles, 6 de julio de 2016

VOLVIENDO A LAS ANDADAS

Este blog ronda la década. Una década en la que os he llevado siempre conmigo; en mi corazón. Por diversas circunstancias los últimos años he estado ausente. Pero esta vez llegué para quedarme. Y la idea me hace feliz.

UN DULCE ENCUENTRO


Te vi por primera vez una mañana radiante de abril. Yo paseaba por la aldea. Tú vendías a plena luz, una fruta que se adivinaba deliciosa. Me miraste y sonreíste, y sentí que algo se aceleraba en mi pecho.

Saliste del puestecillo y llenaste de cerezas el cesto de mi bicicleta. Me llegó el dulce y rojo aroma, que se entremezclaba con el tuyo.
Estuve comiendo cerezas toda la tarde. Cada una que me llevé a la boca, guardaba dentro tu sonrisa; y mi latido.
Desde aquel día, las cerezas son cada latido de mi corazón cuando te veo.