jueves, 4 de diciembre de 2008

LISBOA

También de ti se irá Lisboa,
es decir, ya se fue, ya va muy lejos,
con sus colinas de casas blancas,
los celajes de Ulises sobre sus piedras
y la niebla que va y viene entre sus barcos.
Lisboa se fue por esos rumbos del camino
por donde huyó la juventud,
sin que retengas la huella de un guijarro.
Hoy es memoria, ausencia, sueño,
pero palpaste su suelo antes de verla,
su viejo río era esa raya honda
que cruza la palma de tu mano.
Y tal vez si te apresuras la divises,
puede encontrarse tras el muro de ti mismo
donde se expande el horizonte.
Es decir, has de esperarla a cada instante,
suele anunciarse de improviso ante los ojos,
Lisboa se oculta, retorna, va contigo:
hay un jirón de su crepúsculo
en la sombra de quien cruzó una vez sus calles
que lo va acompañando por el mundo
y se aleja con pasos desconocidos.

Eugenio Montejo.


Hace unas semanas alguien a quién tengo en gran estima, me hizo este regalo.
Eugenio Montejo fue un poeta venezolano. Para mí encierra este poema una belleza difícil de superar, pero además, muchas otras cosas me despierta, me remueve dentro.

Quiero compartirlo con todos vosotros para saber qué os dicen estos versos, qué os hacen sentir; en definitiva, cómo los interpretáis.

Y por supuesto, amiga, te lo dedico a ti.

7 comentarios:

Paquita dijo...

Amiga Isa, realmente hermoso el poema. Fijate, me ha hecho asta recordar una cancion de mi pasada juventud,gracias, un beso de .
Paquita

Gabriel dijo...

Disculpa y permite que, ante la belleza del canto de un venezolano a Lisboa, acompañe aquí algunos versos que abrazan Cádiz con La Habana:
"Cuando llega la bruma,
y ya no se ve más nada,
el malecón se escapa
para la Habana.
Se regalan estrellas
de mares diferentes,
cuando van de paseo
los continentes"
Sólo he podido pedir prestado estos versos, la poesía es del que la necesita, para poder contestar a tu pregunta sobre cómo recibe alguien el regalo de los versos que coses para nosotros en el blog.
Un beso, en verso.

lorenzo dijo...

Me dan ganas de conocer Lisboa ahora, para poder ver "esa raya honda que cruza la palma de tu mano".
Te hace viajar a una Lisboa imaginaria, en mi caso, y está lleno de matices con los que identificar la misma ciudad, como la juventud, la ausencia, la propia historia. Y unas metáforas geográficas aplicadas a la vez al cuerpo, al "muro de ti mismo", al crepúsculo. Una ciudad que te ofrece refugio y siempre te acompañará. Qué regalo, Isa.

A. dijo...

Ya sabes cómo me gustó descubrir a Montejo y especialmente este poema. Lisboa o cualquier cosa ya está en nosotros antes de que se hagan reales, simplemente en el deseo de conocerla.
Ya está en Lorenzo que siente deseos de conocer la ciudad tras leer el poema.
Y cuando las ciudades, o las personas, o las cosas, pasan por nosotros o nosotros por ellas, dejan una huella indeleble, que nos acompaña siempre. Hasta cuando creemos que no.
Y hay huellas que son tan hermosas como Lisboa, otra vez; o como la amistad de personas como tú, que sabes compartir y expandes la belleza allá por donde te muevas.

beli dijo...

A mi, estos versos me hablan de nostalgia, de esa Lisboa desconocida que se muestra ante los ojos del alma y que se cobija en sus rincones como el viaje que iba a ser y nunca llegó.

Estos versos me hablan de una Lisboa de ayer, y de un hoy taciturno a veces, alegre otros.

A mi también, y no conozco Lisboa, estos versos me han estremecido el alma.

ana dijo...

A. y Beli, Lisboa hay que conocerla y temerla, amar sus bellos rincones, aún los más recónditos, incluso con su pobredumbre, subir con ese viejo tranvía donde practIcamente ni se cabe, y bajar y bajar casi sin mirar buscando el agua antes que te atrape el miedo ante sus callejuelas empinadas y esa gente que lóbrega te mira y cuando realmente has logrado llegar casi a la bahía empezar a andar, pasar por su viejo mercado lleno de puestescillos de todo tipo, de ésos que dicen para los turistas y seguir caminando hasta llegar a Ls Jerónimos SIMPLEMENTE
ESPECTACULAR. Id y repetid los pasos por mí mostrados...OS GUSTARÁ

Isa dijo...

Ana, has descrito la ciudad creando en mí la misma sensación que tuve al verla, y me has hecho volver a subir, pensando si podrá llegar hasta arriba.
Ahora, lejos de Lisboa, el llanto de un fado me acerca a sus calles.
Gracias.