jueves, 29 de noviembre de 2007

RENUNCIA

Paquita ha servido en casa desde hace más de veinte años. Se sabe de memoria la distribución de los muebles, las cortinas y la ropa. Siento que haya decidido irse.

-No es por el dinero, señorita –me dijo muy seria-. Es que del susto me han salido canas hasta debajo de los brazos. Y la lavadora ha habido que tirarla.

No suelo dejar que los hombres con los que salgo se queden a dormir en casa y la única excepción a esta regla estuvo a punto de acabar en fatalidad. Y es que, aunque la ropa de mi cama cuadrada de dos metros de lado pesa muchísimo, Paquita, tan fuerte como es, la coge toda hecha una piña y la mete en la lavadora de carga máxima que me traje del hotel.

Menos mal que el programa de centrifugado arranca despacio. Y fueron los golpes de la cabeza contra el tambor lo que hizo que Paquita parara la máquina. De haber tardado un minuto más, el Hombre Invisible se habría ahogado entre mis sábanas, junto al resto de la ropa blanca, antes de despertarse.

6 comentarios:

Isa dijo...

Tiene su cosita eso de compartir cama con el Hombre Invisible. Aunque los bimbazos en la cabeza le mermarían al pobre mío toda capacidad para usar a su antojo el don de "ahora sí, ahora no". Espero que entre las sábanas, esta criatura adoptase la opción "agarrable" o "achuchable"...porque anda que si no...
Muy bien, Gabriel; tienes esa chispa que siempre sorprende. Me ha gustado mucho.

Gabriel dijo...

Isa, me ha hecho reír más tu comentario que el relato.
¡Un puntazo!, gracias de veras.

Lola García Suárez dijo...

A lo que se podía dedicar Paquita ahora es al levantamiento de peso. !Vaya bíceps que debe tener!

inma dijo...

Bueno, si se hubiera ahogado no habría habido que enterrarlo ¿no? ¿Se descompone un hombre invisible?¿enferma? La Paquita esa da que pensar, de verdad.

Ailema dijo...

¡Pero Gabriel! Con lo buenísimo que eres tú poniendo nombre a tus personajes... ¿Cómo se te ha ocurrido poner Paquita a esa "marujeitor"? Me viene la imagen de la que todos conocemos y me cuesta verla ahí.
El relato genial, al más puro estilo con bucle temporal de atrás-delante. Te mantiene en vilo, a la espera del abrochado final con cierre perfecto.

Peneka dijo...

¿sienten los hombres invisibles igual que los hombres de carne y hueso?¿hacen sentir lo mismo, o lo que provocan en su pareja es algo más liviano?. Desde luego, lo que no sé es como la pobre Paquita sintió miedo, ¿de qué?¿de unas sábanas pesadas que golpean el tambor de la lavadora?¿o de un hombre invisible que toma forma y se convierte por varios "giros" de la vida, en un hombre maltrecho de carne y hueso...sin más?. Esas son las cuestiones, que diría el clásico.