lunes, 3 de marzo de 2008

PROGRESO.

Los Guagunajuros jamás habíamos llorado por culpa de un muerto.

            Y fue venir esa señora maestra de su idioma, vestida y de cara blanca, para que cambiáramos.

            No más morirse nuestro guerrero Psesohueco, comenzó a mojarse ella misma los ojos. Lo bueno era ver cómo se los mojaba más y más según nos veía reír a todos los de la tribu, sobre todo la viuda Camamasancha, que le giraba los ojitos secos a los tres hijos del jefe Trucuchanka, según dicta la ley del Sol. El día podría terminar entre la risa y la cara rara de la blancota, que nos explicó que ella “lloraba”.

            -Yo lloro, pendejos, -gritó sin parar de secarse la cara inútilmente con un trapito blanco que sacaba de vez en cuando.

            Valiente como pocas blancas que antes nos visitaran, la blanca se fue al pueblo grande de al lado, Pinchoacacho, de donde volvió antes de anochecer por el puente colgante para tardar menos. Traía una bolsa al hombro y, al llegar, uno a uno, nos hizo pararnos un ratito dentro de su celda.

            Estábamos muy alegres todos los hombres y mujeres de la tribu, pensando en ver cómo sería la maestra debajo de la ropa, pero al salir sólo conseguimos tener los ojos mojados, igualito que ella.

            Un rato después, con el jefe al frente, el poblado entero pasaba de nuevo junto al cadáver de Psesohueco, al que rociamos con unas gotas de cada uno de nuestros ojos.

            Cuando el último pasó, nos reunimos en el centro del poblado, sin ganas de reír. Un rato después, a la hora de cenar, la maestra nos llamó:

            -No volveré a comerme un guerrero soso y sin cebolla.

            Cenamos muy bien aquella noche. Algunos repitieron por la parte del muslo, lo que antes siempre se tiraba.

            La maestra nos inventó las emociones, los velorios y los condimentos. Pero ni llorando conseguimos verle el chindasvinto.

2 comentarios:

Isa dijo...

¡Qué muchacho más aplicao, madre mía!
Gabriel: con los nombres se me cae la baba y se me escapa la carcajada. Esos canívales no tienen "desperdicio".
Esto se anima.

beli dijo...

Yo sigo con la mía...pero por Dios,¿a usted que le dan de comer?. Acabo de descubrit tu secreto, yo sola, sin necesidad de ayudas externas...Comes SOPAS DE LETRAS, no hya duda.
Desde luego, a tí lo único es darte una ideilla, y allá va, una sonisa garantizada y una envidia perpétua(por lo de escribir, claro está).
¡¡¡Eres grande, chiquitín!!!