lunes, 23 de junio de 2008

IMÁGENES QUE AVISAN


Amaranta no supo elegir pareja. Se buscó a un tipo guapo, pero controlador y perverso que sólo la quería para gozarla.

Ella estaba ilusionada con verse envuelta por el vestido de color rojo que habían visto en un escaparate. Él le advirtió que no se le ocurriera comprárselo, que era demasiado sugerente. Pero Amaranta pensaba que, en el fondo, a él también le gustaría contemplarla así, y comprárselo y estrenarlo fue una misma cosa.

Le esperó reluciente para acompañarle a la cena de empresa que se celebraba esa noche.

Mientras el marido llegaba, se sentó y advirtió que las agujas del reloj de la sala (de un bello cristal de Murano que compró en Florencia, en otro tiempo, quizá más feliz), marcaban aún las ocho de la tarde, cuando, en realidad eran las nueve. Se levantó para cambiar la hora y en ese instante preciso, llegó él.

La miró, sin hablarle y con ira en los ojos entró en la cocina. Amaranta comenzó a cimbrearse levemente; era un temblor que le crecía desde dentro. No le dio tiempo a nada. Antes de poder siquiera moverse, le asestó una puñalada por la espalda, a la vez que su mano aún acertó a marcar las nueve en el reloj, que cayó y se rompió en mil pedazos.

Hoy, treinta años después, la incrédula Gloria piensa que es fruto del cansancio tan enorme por la mudanza que acaba de realizar, que, a modo de flashes, todas las noches aparezca y desaparezca ante sus ojos, la imagen de una bella mujer vestida de rojo que le sonríe, a la vez que la puerta se abre y entra su esposo, justo al sonar las nueve.

8 comentarios:

Gabriel dijo...

¡Muy bien traído este cuento!
Me gusta mucho la ambientación final, esa labor de ángel de la guarda que hará Amaranta por cualquier mujer.
Besos.

Loli dijo...

Magnífica forma de contar y hacer sencillo y creíble algo que se escapa de este mundo.

elenka dijo...

Me encanta, te pone los vellos de punta, vamos... ese reloj... Muy pero que muy bueno. Me gustó la primera vez que lo leí y esta, te puedo decir que incluso más. Un beso

Anónimo dijo...

Recuerdo este relato. Me lo leiste tú por teléfono. Entonces me gustó y ahora también, sin embargo, ya te dije que a mi no me eriza el vello. Está muybien llevada la historia, pero no me produce miedo, ni me inquieta.
A mí me gusta saber, que estamos rodeados de seres que nos protegen y nos mimam. Eso me hace sentir que no estoy sola y desprotegida.

beli dijo...

el anónimo soy yo...Beli

Isa dijo...

Gracias a todos. Me encanta que os haya gustado.
Beli, nunca un anónimo me fue más grato. Un beso, chicos.

inma dijo...

Me gustó entonces y ahora más. La chica que avisa desde el otro lado resulta inquietante.

Melytta dijo...

En principio me he quedado sin palabras. Aquí con los dedos sobre las teclas y la mirada fija en tus letras. Esas visitas del más allá sea en un cuento o en una historia que alguien dice haber vivido me dejan paralizada.
Aquí hay más todavía; una suave dulzura, una complicidad que no tiene barreras y tú lo has sabido plasmar de un modo tan sencillo que parece la caricia de un niño.
Gracias por "recomendarme" así dan ganas de no faltar mucho a la cita.
Un beso, un abrazo todo eso y más.