y tampoco merezco escribir,
amanece un nuevo atraso
en mi cuaderno de condenado.
Quiero escribir sin remordimiento
y mamá,
desde un azul umbilical,
ilumina el vacío
que contiene mis letras.
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Anónimo
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domingo, octubre 03, 2010
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Etiquetas: lorenzo
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Paquita
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sábado, octubre 02, 2010
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Me dices que tu nombre es muy antiguo,
tanto como lo es la edad del hombre.
¿Quieres que me sorprenda o que me asombre?
Por si eres el diablo, me santiguo.
Que tu hombre del principio era inocente,
que tuviste que hacer todo el trabajo,
incluso colocándote debajo,
ensayándose en ser condescendiente.
Sólo tú descubriste que su dueño,
un tal Yahvé, mirada reverenda,
le daba alas, mimos y prebendas,
dejándole cumplir todos sus sueños.
Hasta que un día bueno conociste
al Némesis de Dios, una serpiente,
que en poco tiempo te puso al corriente
de la Verdad y de tu gran despiste.
Fue entonces cuando harta de puerros,
de hierbas verdes y de calabazas,
decidiste jugar la mayor baza
y jugar con peligro del destierro.
Pensaste en compartir lo conocido,
en llevar como cómplices la hazaña,
desafiando el terror a la guadaña
que pudiera acabar con lo vivido.
Pero el hombre escondió pronto la mano,
después de lanzar la piedra juntos,
y bajó la cabeza; y hasta el punto
de pasar de semidivino a humano.
Ahora andáis perdidos, me has contado,
con una copa siempre entre los dedos,
llena de antídotos contra los miedos,
que evite recordar lo caminado.
Te conocí al principio, tú eres Eva:
La fuerte de los dos, esa atrevida
que supo de la llave de la vida
y arrebató a los hombres de la Cueva.
La que se enfrenta a dioses a diario,
nos hace andar a todas las edades,
nos acompaña en defender verdades
y hace que esto parezca extraordinario.
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Gabriel
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viernes, octubre 01, 2010
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inma
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viernes, octubre 01, 2010
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Etiquetas: El Plumier revuelto
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viernes, octubre 01, 2010
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jueves, septiembre 30, 2010
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Viaje por la gran muralla china.
Para celebrar el segundo aniversario de nuestro arreglo dental, Pepa Lutgarda y yo nos fuimos a visitar la gran muralla china sin encomendarnos a concejal alguno.
En el kilómetro doce, según la guía doña Noelia Capaponte –que nos cogió manía desde el principio del viaje- hay una cabina telefónica inglesa que data de 1923 y que funciona sólo con chelines, medios peniques y pilas atómicas. Como no llevo encima moneda fraccionaria inglesa, me quité y le puse la pila de mi prótesis coronaria y a los dos nos estalló algo por dentro. Sólo un rayo escapado de una tormenta que viajaba hacia Chin Tu Rón me dio la energía suficiente para seguir vivo, aunque chamuscado. La cabina pasó a ser un quiosco de prensa amarilla.
El episodio anterior nos hizo ver la vida con más prudencia y, para no recibir más reprimendas de la guía, la dejamos caer por la muralla en la zona más alta que encontramos, con la idea de que disfrutara del aire fresco el mayor tiempo posible.
A partir de entonces, carta de libertad en mano, nos dejamos conducir por una namibia joven, pelirroja y rizada, con cuyos amenos comentarios conocimos la verdadera historia de la construcción del larguísimo monumento nacional. Además, dejaba que nos hiciéramos fotos, aunque fuera de noche y la gente al echarse hacia atrás se cayera por los huecos, lo que agradecía Noelia la guía al oírles aterrizar cerca y poder charlar con ellos de sus cosas.
-Resulta que en China –comenzó la namibia- unos se pegaban con otros, otros no los quisieron dejar pasar y por eso se pusieron, pim pim, pim pim, y venga y venga, ladrillo y mezcla, ladrillo y mezcla –aclaró-, y ahí se encontraron, cuando la acabaron, con una muralla terminada.
Lo que es mirar por los detalles, pensamos al unísono: ella hablaba en medio del corro, con nosotros ensimismados, arreboladitos, dejándonos empapar por su forma de contar las cosas.
Nos llevamos de recuerdo ochenta metros de muralla entre todos y para mí que les dio igual, porque nadie nos lo echó en cara. A cambio, tuvimos que recoger a doña Noelia y los demás caídos, con sus brazos y demás partes en cabestrillo.
Pero –ya lo dice el refrán- poco dura la alegría en casa del imbécil; nada más ver los ladrillos al llegar a Barajas, mi cuñado Herminio me llevó aparte y me dijo:
-Con esto le termino yo la caseta de la piscina y la barbacoa a tu hermana, chaval. No veas la ilusión que le haría.
Ante su mirada sincera, allí mismo, en plena aduana, vacié las maletas, le puse los ladrillos en los bolsillos y, cogiendo a mi Pepa de la mano, tomé el primer avión de regreso a China, a por unos quintales de arroz. Y es que mi otro cuñado, Alejandro, es ver una piscina terminada y se tira a preparar una paella con los ojos cerrados. Y yo no sé decirle que no.
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Gabriel
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miércoles, septiembre 29, 2010
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miércoles, septiembre 29, 2010
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Esa mujer, mi mujer, es como las algas marinas: Sabe amar.
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Gabriel
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martes, septiembre 28, 2010
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Melilla.
Al ofrecerles cobrar el doble de lo que percibían por su mismo trabajo en la Península, pero yendo a trabajar la mitad de las horas de la mitad de los días laborables, los hermanos siameses José y Juan Tomasera decidieron trabajar en Melilla como catadores de vino. Pero un día, a la segunda copa, uno de ellos veía doble y el otro pedía un plus al compartir el hígado. El proceso de confeccionar sus nóminas traía amargadito al contable de su empresa.
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Gabriel
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martes, septiembre 28, 2010
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