sábado, 8 de diciembre de 2007

AHORA SÍ


 Por primera vez entré en casa sintiendo miedo:

Esta mañana me abrió la puerta un mequetrefe con bata blanca, una sonrisa y una aguja. Sólo mencionó un número para dirigirse a mí.

Sin que pudiera mostrarle mi desprecio, me dijo:

-A ver esa sangre, abuelo.

Yo le indiqué el corazón bajo mi capa.

Él se rió y contestó:

-Con la orina será suficiente para lo que le piden. Los datos personales rellénelos usted, por favor.

Dijo después “¡El siguiente!”, y allí me dejó. A mí, al conde Drácula, con la solicitud de la jubilación en la mano.

Despedí al cochero y regresé a pie hasta mi ataúd.

Ahora sí que sé lo que es la muerte de verdad.

 

 

4 comentarios:

Lola García Suárez dijo...

No sé qué me ha pasado pero no lo pillo, Gabriel.

Gabriel dijo...

Intento ver que es mucho peor la jubilación, (siempre indigna, que nos lleva a que no nos consideren) que la muerte. Y lo cuenta uno que sabe más que nadie de ella.
Besos.

Isa dijo...

Los pelos como escarpias. Ya sabes la "gracia" que me hacen a mí los de Transilvania. Me ha pillao desprevenida. Aunque la verdad, pienso que nada como leer a mi compañero Gabriel, para quitarme la fobia. Es más: me ha encantado el relato.
Ahora sólo me queda la duda, yendo a la respuesta que das a Loli, por saber, cuando dices "a ella", a quién te refieres, a la jubilación o a la muerte. Seguro que a la primera; ¡sólo que me parece tan pronto para que sepas de ella!

Ailema dijo...

Yo sé de uno que no piensa como tú. Todos los días nada más despertar, lo primero que hace es contar con los deditos el momento de no tener obligaciones laborales.
El relato me ha metido en un túnel surrealista. No sé por qué pero he visto a la enana de Poltergate con bata blanca y jeringa en mano.
¡Qué cosas!