miércoles, 26 de noviembre de 2008

CRÓNICAS URBANAS (II)

Año 1976. Cádiz, Semana Santa.

Ante el paso de la cofradía del Cristo de la Veracruz, las filas de espectadores guardan líneas paralelas en las aceras, pero sólo hasta la esquina de la calle Pelota con la plaza de la Catedral; allí se ha formado una curva enorme desde donde se observan las figuras y los penitentes a una distancia mayor.

Antonio Boronat, hombre decidido, rompe la solemnidad del caminar lento y silencioso: Pidiendo paso en voz alta, separa al público de la curva a izquierda y derecha y se planta, él solo, a unos escasos cuarenta centímetros de longitud del paso, logrando una cercanía exclusiva, incomparable, a la figura grandiosa de la Virgen.

Lo hace dentro de un charco de unos escasos cuarenta centímetros de profundidad, eso que obligaba al público a buscar una prudente separación para ver pasar la procesión.

El ruido de los zapatos de Antonio Boronat al retroceder y volver a su casa, es algo parecido a “riguasshh, riguasshh, sploshharashh”.

Y la procesión va por dentro.

lunes, 24 de noviembre de 2008


¡Hola amigos!, quiero compartir con vosotros algo de lo que me siento muy orgullosa. Aquí, en este plato que os muestro, se aúnan tres de mis grandes pasiones: la fotografía, la cerámica y escribir.
Espero que os guste. Eso sí, debo agradecer a mi maestra de cerámica, Lola, el que este plato haya quedado redondo (bueno, es un decir, porque como se observa la forma es un poco peneka).


En el sofá

Sabía que aquel no era el mejor lugar, ni el mejor momento pero también sabía que serían los únicos por aquel entonces.
Se dejó desplegar el cuerpo en el mismo sitio donde pocas horas antes había desplegado sus anotaciones, sus libros, su cartera... y se estremeció ante lo olvidado de ese calor eléctrico que le recorría caliente desde las caderas hasta las costillas.
Pensó que el miedo era el peor compañero en ese justo instante y que prefería dejar, a pesar de las dudas, que la besara en ese punto final, donde acaba el cuello, en ese punto suave y sensible.
En el pecho de él descubrió con la palma de sus manos la delicadeza y el calor del abrazo que siempre quiso pedirle sin atreverse, en el de ella él descubrió las constelaciones de lunares que cubrían su cuero, cicatrices como ráfagas de cometas.
Dejaron de ser satélites el uno del otro y comenzaron a ser habitantes.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Feria del libro antiguo y de ocasión

Hola amigos, os escribo para avisaros de una agradable acontecimiento que estará unos días en la Plaza Nueva de esta nuestra ciudad.
Hoy paseaba junto a mi madre y a mi hermano que ha venido a visitarnos por el centro cuando me he encontrado con la Feria del Libro antiguo y de ocasión.
Tienen sus puesto allí varias provincias, algunas incluso de fuera de Andalucía.
Yo no lo he podido ver desde cerca porque estaba abarrotadito de gente (a Dios gracias) pero tiene un pinta exquisita. ¡Ah! y para los enamorados de grabados, carteles y postales antiguas también hay su rinconcito en el mismo lugar.
Como aderezo encontrareis por los alrrededores algunas estatuas de autor conocido (a ver si lo adivináis)
Pasaos por allí al menos para ver, no tiene desperdicio. Lo mismo me encontráis allí llevándome todo como una posesa y dilapidando el salario mensual que graciosamente me dona el Banco del Hogar Doña Manuela.
Besos y abrazos.

Sensaciones

Quiero que se aleje de mí para siempre pero no lo consigo, me sigue por donde voy. No se si será conveniente ir siempre con ella, a veces me ha ocasionado quebraderos de cabeza. Pero, tras darle muchas vueltas, he decidido que siga conmigo siempre aquella niña que fui.

Haciendo esta reflexión hoy, me he puesto algo (aunque suene cursi) melancólica, y es que se acerca un año más el tiempo de Navidad, y en contraste con las luces de las calles, los adornos y toda esta exhibicion de alegría prefabricada, mi espíritu se oscurece porque me trae recuerdos tristes.

Quisiera evitarlo y lo intento, pero año tras año me invade el mismo pesar supongo que, -como la niña- me acompañará hasta el final del camino.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Pájaros apuntAlados

Levanto la casa
que lucho a diario, ansío
un horizonte al que acudir.

Llegas a mis ruinas
y no te pesan porque se alzan refugio,
hogar entre puntales;
sostienes pájaros.


portal de la gran via
principio y fin de la batalla
Ante tus ojos me desnudo.
Me deseas.
No es mi cuerpo
ni mi boca,
sino tu fuego
el que te lleva frente a mi.
La noche pinta mi cuerpo.
Crucé los mares
y las tierras.
No te hablo
ni me hablas,
solo un gesto
y ya me vale.
Con un valor establecido,
me desnudo entre portales.
Me recorres con premura.
No sabe a nada
tu boca ansiosa,
y mi cuerpo hace creerte
que eres sol,
que eres mañana.
Me desnudo ante tus ojos.
Todos miran.
Todos callan.
Vistes de nuevo tu daga.
Fin de la batalla.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Oda a tu boca

Roja tu boca.

Roja camisa flamenca,
roja llama,
¡roja sangre!, que huele y sabe a sudor, gemido y carne.

Para querer un beso de tu boca no hace saber si de hombre o de mujer,
sólo que tú llevas "la color" de la pasión dentro.

COLORES.

 

Yo defendí siempre el rojo. Mi mujer, Esperancita, el verde algo limón. ¡Pues hoy tengo yo claramente razón en que era mejor el rojo! Otras veces, no lo niego, tiene ella razón y yo no, como aquel domingo de abril, en el que yo quería una mermelada poco espesa para el pastel de manzana. Al final le dije “Esperancita, tú tienes más razón que un santo, y es mejor poner la mermelada más espesa para el pastel de manzana”. Y ella se la puso y los dos nos comimos el pastel. Hoy, en cambio, habría sido mejor poner las llaves del coche en el llavero rojo, porque al ponerlas en el verde limón y haberse caído el llavero con las llaves del coche en el césped y de noche, seguramente nos van a coger los guardias del banco que acabamos de atracar; y los dos hemos venido sin gafas, porque la otra vez se nos atascaban las patillas de las gafas con los pasamontañas y hoy nos las hemos quitado, pero no vemos casi nada bien sin ellas. Esperancita y yo creemos que habría sido mejor ponernos medias en la cabeza en lugar de pasamontañas, lo que pasa es que no había de mi talla, ni de invierno siquiera, y ella no se las puso porque nos gusta ir a juego.

Hay que ver lo cerca que se oye a los guardias.

EN SUS OJOS

Yolanda era una prostituta joven, con un cuerpo flexible y una sonrisa que regalaba sin coste adicional alguno. Sus clientes decían sentirse felices después de visitar su cama, sin acordarse de luces rojas ni locales pequeños.

Ella tenía un ideal: Parecerse al personaje de Irma la Dulce, la deliciosa película protagonizada por Shirley Maclaine, donde los hombres la buscaban antes que a ninguna otra.

Un día, un hombre le hizo daño. Sin motivo aparente, sin aviso ni queja previos, le golpeó con frialdad y la dejó inconsciente.

En el hospital le dijeron que las heridas sufridas no le dejarían señales. Lo que no sabían era que no volvería a sonreír.

Yolanda no buscó vengarse, a pesar de haber visto a su atacante borracho y tirado en más de un callejón. No sacó la pistola y pasó de largo. Supo más tarde que murió en una pelea.

Yolanda siguió con su forma de ganarse la vida. Pero cada hombre que rozó su piel perdió la alegría de vivir. Cambió de casa, de barrio y de ciudad varias veces, con el mismo resultado.

Hubo alguno que aseguraba haber visto al demonio al mirar dentro de sus ojos.

Yo fui uno de ellos. Y juro que es verdad.